miércoles, 28 de enero de 2015

Dueña de tus palabras

Las mismas palabras. Esas palabras que pronunciabas mirándome a los ojos, que eran mías. Las mismas palabras son las que ahora han tomado el desvío equivocado en el cruce de caminos. Ya no llegan. Te equivocaste al escribir la dirección. Quizá no. Sólo sé que el camino que lleva a mí ya no alberga las palabras que me hacían sentir ÚNICA: Unida a ti. Nerviosa (sí, por qué no). Importante. Capaz de todo y Absolutamente enamorada. 

Esas palabras se han perdido en un desbarajuste de líneas, de caminos sin retorno, de vías muertas de tren. Ellas, rebeldes, se han alejado de lo que marcaba el guión, de ese cuento de hadas con final feliz en el que los protagonistas se amaban en éste y en otros tiempos. Las palabras que un día me dijiste ya no forman parte de este cuento, de nuestro cuento. Ya no son las que escribimos juntos. 



Esas mismas palabras ahora son el comienzo de otra historia de dos en la que no cabe una tercera persona. Me quedo en mi parte del cuento junto al rótulo que indica el FIN. Tres letras que, sin duda, me acompañarán hasta que los recuerdos pesen más y pueda volver a sentirte pensando en mí.

Hoy tus palabras ya no me pertenecen. Así es el destino, supongo. Así es la vida, dicen otros. Tampoco tu corazón, y eso duele todavía más. Palabras que ahora sí que se ha llevado el viento, que se han perdido entre tanta ventisca. Palabras que se han encontrado entre otras cuatro paredes. En otros ojos. En otra cama. En otra vida. 

Ya no soy la dueña de tus palabras. Tampoco tú eres dueño de mis recuerdos. En ellos, seguiré siendo la princesa de tu cuento. Seré, y eso es para siempre, la dueña de las palabras que componen la historia que escribo desde el primer llanto, la primera sonrisa, la primera decepción y también la primera carcajada. 

La historia de mi vida no tiene dueño. Esa es sólo mía. 


"Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma"
(Julio Cortázar)

jueves, 22 de enero de 2015

Una sonrisa contra el olvido

Gris, ese color entre negro y blanco. Ese cielo amenazando tormenta. Ese estado de ánimo. En mi gris vuelves a estar tú, a lo lejos, cada vez más borroso, pero sigues estando. No sé si quiero que te vayas o si quiero que vuelvas. Cerca. A mi lado. No tengo claro si prefiero seguirte pensando aunque sea entre brumas o si lo mejor es echar mano del olvido.

Olvido. Menuda palabra ¿eh?. Grande, redonda, cruel y en ocasiones incierta. Olvidar algo o a alguien, sacarlo de tu cabeza es, cómo decirlo, imposible. Cómo olvidar algo que te ha marcado aunque haya ocupado un espacio de tiempo limitado en tu vida. Cómo no recordar un sentimiento o una sensación que apareció en un momento determinado, tal vez una fracción de segundo, pero que significó tanto. Insisto, imposible. 

Se olvidan las palabras, se dejan de recordar los detalles pero los sentimientos, esos no. Esos nunca se olvidan. Tampoco se olvidan los olores, capaces de abrir el libro de tu vida por la página clave. Ese ejemplar arrinconado en la estantería, posiblemente invadido por la humedad, que encierra episodios de un pasado que creías aparcado. Ese olor te devuelve al pasado, te hace viajar en el tiempo y te convierte en lo que eras entonces. 

El olvido. Menudo concepto absurdo cuando de personas se trata. Quieres olvidar a alguien que te ha hecho daño pero sólo consigues sacarlo de tu vida. Tu mente es otra cosa. Ella va por libre, ella decide lo que quiere recordar, cómo quiere hacerlo y cómo utilizar esos recuerdos. Olvidar no es sano. No, porque nos haría volver a cometer los mismos errores una y otra vez, nos impediría aprender. 

Yo hoy no quiero olvidar, prefiero recordar aunque sea entre grises. Aunque el recuerdo aparezca ya entre la niebla. A pesar de que a veces mi día sea gris quiero seguir recordando. Al final, entre las nubes de tormenta, aparecerá ese rayo de sol que convierta el recuerdo en sonrisa. 

Una sonrisa contra el olvido. 


Formentera (verano 2014)

NOTA: El otro día me descubrieron esta canción de Ed Sheeran y ya no puedo parar de escucharla. La comparto con vosotros a ver qué os parece. Sí, lo sé, los amantes de El Hobbit la habréis escuchado mil veces. ;-)


lunes, 19 de enero de 2015

Tu voz. Sólo tu voz

Estar unos días sin poder hablar (o intentando no hablar) tiene su aquel. Te das cuenta de que hay voces que no puedes callar. Como bien dice Risto Mejide en su columna de este domingo en El Periódico, son esas voces interiores, que te guían, que te ayudan y a veces hasta te complican la vida. Es la voz de tu conciencia, el ángel y el demonio que aparecen sobre tus hombros cuando estás en un cruce de caminos y buscas respuesta sobre cual es la mejor opción sin ser consciente de que al final la mejor será la que tú escojas. Así de sencillo. Es ese yin-yang interior que sencillamente aparece a veces para ponerte la vida patas arriba. 

A esta voz nunca la puedes callar. Aunque quieras, no podrás. No debes hacerlo. Siempre está ahí, aunque en ocasiones sólo la intuyas porque aparece tenue, tímida, como con miedo a molestar. Otras veces te grita, te arenga como si fuera un entrenador de fútbol, te regaña e incluso te castiga, te obliga a levantarte y a mirar para adelante. Muchas veces te quita la venda de los ojos y te invita a sonreírle a la vida para plantarle cara, por ejemplo, a ese invento del Blue Monday que dicen que es el día más triste del año (hoy, por cierto, 19 de enero) según no se qué fórmula matemática. 


Esa es realmente tu voz y no la que emiten tus cuerdas vocales. Es tu yo interior, al margen de influencias externas. Una voz esculpida a base de experiencia, de aciertos y errores, de caídas y de remontadas. Es la más sincera porque es la única capaz de escuchar a la vez a tu cabeza y, lo más importante, a tu corazón. 

En ocasiones no la escuchamos porque no tenemos tiempo, inmersos en nuestro frenético día a día, y nos resulta más sencillo escuchar otras voces, las de nuestro entorno, las que creemos que realmente nos ayudan. Y sí, lo hacen, tampoco seamos injustos. Pero esas voces también nos influencian. La nuestra siempre va a ser sincera  y no se va a cortar a la hora de pronunciarse. No nos debe nada. También sabe decirnos lo que jamás querríamos oír. En esas ocasiones duele, duele mucho, pero se lo terminas agradeciendo. Créeme. 

Es la voz que nos guía en nuestra ruta hacia ninguna parte. En nuestro camino por la vida. 

Esa nunca debe callarse. 

"La verdad es lo que te dice tu voz interior" 
(Mahatma Ghandi)


jueves, 15 de enero de 2015

Miedo a sentir miedo

Miedo, de ese que te encoge el estómago y te cierra la garganta. Miedo, ese miedo que te paraliza, que te ciega y que te impide respirar. El miedo que se instala en tu vida como una enorme piedra en tu camino. Ese miedo que te obliga a contener la respiración y a buscar el oxígeno más allá del aire que te rodea. Miedo a sentir miedo.

No hay mayor enemigo que ese miedo irracional que te niega y te anula, que funde a negro tus pensamientos y coloca una venda tupida en los ojos para que no puedas ver, para que no puedas sentir nada que no sea ese miedo que ahora ocupa tu cuerpo y que te mueve cual marioneta inerte. No eres nada ni nadie, estás en sus manos, pendes de los hilos que ha tejido alrededor de tu cuerpo, apéndices de sus redes que, si tú le dejas, son cada vez más y más fuertes, más y más extensas. Si le dejas, aprietan cada vez más y más. 


Miedo a tener miedo y miedo, sobre todo, a acostumbrarte a sentir miedo. Porque es lo que consigue, poco a poco hace que te instales bajo sus brazos, que te acostumbres a la vida que él te ofrece y que dejes de vivir tu propia realidad, esa que un día llenaba de luz tus días y que te hacía sonreír, soñar, reír, bailar, cantar, saltar, disfrutar... esa que te hacía VIVIR

Párate. Ahora. Coge fuerzas y plántale cara. Tú eres más fuerte. Coloca tu miedo en ese cajón de tu mente que debe ocupar y consúltale sólo cuando creas que debes hacerlo. Enséñale a tu miedo que sólo debe aparecer cuando le llames. Enséñale a acompañarte en tus días en silencio. Dale la mano, haced las paces y seguid vuestro camino porque todavía queda mucho camino por construir, por caminar. 


NOTA: Muchas gracias a todos por los mensajes que estoy recibiendo estos días. En breve mi voz y yo volveremos a dar guerra. No me había pasado nunca pero dicen que para todo siempre hay una primera vez ¿no? ¡Qué difícil resulta tener que estar callada! 

lunes, 12 de enero de 2015

Que sólo alguien te quite el sueño

No dejes que nada te quite el sueño. No permitas que nada te quite el placer que deja en tu cuerpo y en tu mente un sueño reparador. Nada debe tener ese poder. Es un poder reservado sólo para nosotros, las personas que transitamos por este mundo. Por eso date la oportunidad de que alguien se cuele en tus sueños para mantenerte despierto. Sólo ese alguien podrá tenerte en vela pensándole toda la noche. 

Ábrele la puerta a esa persona que hoy está lejos, lejos quizá también de tu mundo, y que sólo se asoma aquellas noches en las que decide hacerlo. Rebelde. Contra todo pronóstico. Desobediente cuando le invocas y dulce en cuanto aparece. Déjate acariciar por su presencia. Déjate besar por sus palabras. Siente su aroma una vez más, sólo una vez más. Imagina lo que pudo ser sabiendo lo que un día fue. Juega con su mirada despreocupada. Empápate de su voz. Déjate llevar por sus silencios porque silencio es lo único que vas a encontrar al amanecer. Es el regalo que te trae el sol con su primer haz de luz. Un regalo envenenado que deja consigo la añoranza de ese amor soñado, de ese encuentro irreal, de una realidad imposible. 


Pero sólo será imposible al amanecer. Hasta entonces vive cada detalle. No dejes de acariciar una piel que una vez te resultó suave, no guardes en tu garganta aquellas palabras que un día quisiste decirle. No lo hagas, porque ya no tienes nada que perder. Los sueños sueños son y con ellos puedes hacer lo que quieras. Son tuyos y te pertenecen. Permítete horas de locura insomne pero no mires el reloj porque si lo haces no se detiene. Olvídate del tiempo y concéntrate sólo en el espacio. Ese que ahora te rodea, que os rodea. El tiempo ya se encargará de llamar a tu puerta cuando menos lo esperes o, al menos, cuando peor te venga. Seguro que lo hace dejando algo a medias. Lo que falta hasta completar esa historia inacabada volverá. Tarde o temprano lo hará. 

Será otra noche en la que no podrás dormir y así hasta que esa persona también desaparezca de tus sueños. De tu vida ya lo ha hecho, hace tiempo. Pero te agarras a su recuerdo. Por eso viene, cada vez de manera más espaciada, con menos frecuencia. Un día sabes que dejará de hacerlo y entonces... habrás conseguido pasar la página que cierre el capítulo. 


jueves, 8 de enero de 2015

La libertad de expresión no es negociable

Si hay algo innegociable en pleno siglo XXI es la libertad de expresión. Si perdemos eso, ¿qué nos queda? El ataque a la sede del semanario satírico francés Charlie Hebdo es un ataque en toda regla a la libertad que todos tenemos de expresar nuestras opiniones. Doce personas, diez de ellos periodistas y dibujantes, han muerto por ejercer su derecho a opinar, a contar y a ver el mundo desde su perspectiva, la de la sátira y el humor.


La conveniencia o no de publicar caricaturas de Mahoma es otro debate, también el de la línea editorial que pudiera seguir la publicación francesa. Nada, repito, nada justifica que tres personas desalmadas irrumpieran armados en la redacción de un medio de comunicación y acabaran con la vida de todas esas personas cuyo ataque no ha sido otro que el que han ejercido con los lápices como única arma. Han muerto por defender un derecho conquistado hace muchos años, un derecho que ahora todos tenemos la obligación de defender y ejercer. Sin eso ya no tenemos nada. Sin las libertades estamos en manos de quien quiera manejarnos, del encargado de turno de mover la marioneta. 

Viñetas de José Manuel Puebla (ABC) y Julio Rey (EL MUNDO) 

Me alegra y enorgullece saber que medios de comunicación y periodistas, desde el mismo momento en el que se conoció el atentado en París, se han dado la mano (nos hemos dado la mano) para expresar su repulsa a lo ocurrido en el corazón de Charlie Hebdo. Este jueves no hay portada en todo el mundo que no rinda homenaje a los compañeros que ayer caían a manos de extremistas, no lo olvidemos. Algunas portadas lo hacen con menos acierto en nuestro país y, para mi sorpresa, son la de El País y El Mundo. Ellos no han debido entender que hoy no había que publicar la impactante e innecesaria (esta es mi opinión) imagen del policía tendido en el suelo a punto de morir por un disparo a bocajarro. Sí lo ha hecho La Razón, que hoy se ha vestido de luto para defender la libertad de expresión porque "todos somos Charlie Hebdo". 


El de hoy es, sin duda, un día para parar el mundo, para pararlo y reflexionar sobre lo que tenemos, lo que nos rodea y lo que nos falta. De lo que carecemos lo tengo claro: de mucho respeto y, sobre todo, de humanidad. 


lunes, 5 de enero de 2015

"Queridos Reyes Magos..."

"... como este año he sido buena quiero (...)". En realidad no sé si este año he sido demasiado buena, pero lo que tengo claro es que no quiero nada, al menos nada tangible. Me cuentan en la familia que nunca he sido yo muy de pedir, que aún siendo niña les costaba horrores que escribiera mi carta a los Reyes Magos. Eso no lo he cambiado con la edad, pero tampoco quiero hacerlo. Ahora de mayor disfruto ejerciendo las tareas de Paje Real, buscando el regalo perfecto para cada una de las personas importantes de mi vida que esta noche se irán a la cama con la ilusión de estar viviendo la noche más mágica del año. Porque esta es una noche mágica se pongan como se pongan quienes un día decidieron quitarnos la venda de los ojos y empujarnos a un mundo de realidad. 


Recuerdo todavía a la perfección un año en el que los Reyes Magos entraron en mi casa, con camellos y todo. Los oí perfectamente porque hicieron mucho ruido. Eran ellos, estoy segura. Quizá no tanto, pero el ruido existió y eso no me lo puede negar nadie. Quienes fueran los causantes, eso ya está en mi imaginación y yo decido qué hacer con ella. Es algo así como cuando te vas a la cama dispuesta a soñar con la seguridad de que lo que pase en tus sueños te va a pertenecer a ti, sólo a ti. 

Quienes nos quitaron la venda de los ojos se empeñaron en arrebatarnos la inocencia. Sí, la inocencia de aquellos años en los que se nos permitía vivir en un mundo en el que "no moría nadie", como diría Alejandro Sanz en Twitter para despedir al maestro Paco de Lucía. Ese mundo de fantasía infantil, con la edad, va quedando atrás, cada vez más lejos. Pero nuestro niño no se queda en él, viene con nosotros, nos acompaña en el camino de la vida. Sólo hay que saber buscar el lugar en el que se encuentra y rescatarlo de vez en cuando, al menos una vez al año, al menos esta noche. 

Yo hoy me voy a permitir ser niña de nuevo. Volveré a dejarles a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente un poco de turrón y leche para sus camellos. Porque sí, la magia existe y los sueños se cumplen. Y esta noche para todos, grandes y pequeños, es LA NOCHE MÁS MÁGICA DEL AÑO



"... por todo eso, si esta noche encuentro carbón (dulce) junto a mi árbol de Navidad, será el mejor regalo que podréis hacerme. Significará que habréis pasado por casa y me habréis permitido volver a ser niña por unas horas".