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Mostrando entradas de enero, 2015

Dueña de tus palabras

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Las mismas palabras. Esas palabras que pronunciabas mirándome a los ojos, que eran mías. Las mismas palabras son las que ahora han tomado el desvío equivocado en el cruce de caminos. Ya no llegan. Te equivocaste al escribir la dirección. Quizá no. Sólo sé que el camino que lleva a mí ya no alberga las palabras que me hacían sentir ÚNICA: Unida a ti. Nerviosa (sí, por qué no). Importante. Capaz de todo y Absolutamente enamorada. 
Esas palabras se han perdido en un desbarajuste de líneas, de caminos sin retorno, de vías muertas de tren. Ellas, rebeldes, se han alejado de lo que marcaba el guión, de ese cuento de hadas con final feliz en el que los protagonistas se amaban en éste y en otros tiempos. Las palabras que un día me dijiste ya no forman parte de este cuento, de nuestro cuento. Ya no son las que escribimos juntos. 


Esas mismas palabras ahora son el comienzo de otra historia de dos en la que no cabe una tercera persona. Me quedo en mi parte del cuento junto al rótulo que indica …

Una sonrisa contra el olvido

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Gris, ese color entre negro y blanco. Ese cielo amenazando tormenta. Ese estado de ánimo. En mi gris vuelves a estar tú, a lo lejos, cada vez más borroso, pero sigues estando. No sé si quiero que te vayas o si quiero que vuelvas. Cerca. A mi lado. No tengo claro si prefiero seguirte pensando aunque sea entre brumas o si lo mejor es echar mano del olvido.

Olvido. Menuda palabra ¿eh?. Grande, redonda, cruel y en ocasiones incierta. Olvidar algo o a alguien, sacarlo de tu cabeza es, cómo decirlo, imposible. Cómo olvidar algo que te ha marcado aunque haya ocupado un espacio de tiempo limitado en tu vida. Cómo no recordar un sentimiento o una sensación que apareció en un momento determinado, tal vez una fracción de segundo, pero que significó tanto. Insisto, imposible. 
Se olvidan las palabras, se dejan de recordar los detalles pero los sentimientos, esos no. Esos nunca se olvidan. Tampoco se olvidan los olores, capaces de abrir el libro de tu vida por la página clave. Ese ejemplar arrinc…

Tu voz. Sólo tu voz

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Estar unos días sin poder hablar (o intentando no hablar) tiene su aquel. Te das cuenta de que hay voces que no puedes callar. Como bien dice Risto Mejide en su columna de este domingo en El Periódico, son esas voces interiores, que te guían, que te ayudan y a veces hasta te complican la vida. Es la voz de tu conciencia, el ángel y el demonio que aparecen sobre tus hombros cuando estás en un cruce de caminos y buscas respuesta sobre cual es la mejor opción sin ser consciente de que al final la mejor será la que tú escojas. Así de sencillo. Es ese yin-yang interior que sencillamente aparece a veces para ponerte la vida patas arriba. 
A esta voz nunca la puedes callar. Aunque quieras, no podrás. No debes hacerlo. Siempre está ahí, aunque en ocasiones sólo la intuyas porque aparece tenue, tímida, como con miedo a molestar. Otras veces te grita, te arenga como si fuera un entrenador de fútbol, te regaña e incluso te castiga, te obliga a levantarte y a mirar para adelante. Muchas veces te…

Miedo a sentir miedo

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Miedo, de ese que te encoge el estómago y te cierra la garganta. Miedo, ese miedo que te paraliza, que te ciega y que te impide respirar. El miedo que se instala en tu vida como una enorme piedra en tu camino. Ese miedo que te obliga a contener la respiración y a buscar el oxígeno más allá del aire que te rodea. Miedo a sentir miedo.
No hay mayor enemigo que ese miedo irracional que te niega y te anula, que funde a negro tus pensamientos y coloca una venda tupida en los ojos para que no puedas ver, para que no puedas sentir nada que no sea ese miedo que ahora ocupa tu cuerpo y que te mueve cual marioneta inerte. No eres nada ni nadie, estás en sus manos, pendes de los hilos que ha tejido alrededor de tu cuerpo, apéndices de sus redes que, si tú le dejas, son cada vez más y más fuertes, más y más extensas. Si le dejas, aprietan cada vez más y más. 

Miedo a tener miedo y miedo, sobre todo, a acostumbrarte a sentir miedo. Porque es lo que consigue, poco a poco hace que te instales bajo …

Que sólo alguien te quite el sueño

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No dejes que nada te quite el sueño. No permitas que nada te quite el placer que deja en tu cuerpo y en tu mente un sueño reparador. Nada debe tener ese poder. Es un poder reservado sólo para nosotros, las personas que transitamos por este mundo. Por eso date la oportunidad de que alguien se cuele en tus sueños para mantenerte despierto. Sólo ese alguien podrá tenerte en vela pensándole toda la noche. 
Ábrele la puerta a esa persona que hoy está lejos, lejos quizá también de tu mundo, y que sólo se asoma aquellas noches en las que decide hacerlo. Rebelde. Contra todo pronóstico. Desobediente cuando le invocas y dulce en cuanto aparece. Déjate acariciar por su presencia. Déjate besar por sus palabras. Siente su aroma una vez más, sólo una vez más. Imagina lo que pudo ser sabiendo lo que un día fue. Juega con su mirada despreocupada. Empápate de su voz. Déjate llevar por sus silencios porque silencio es lo único que vas a encontrar al amanecer. Es el regalo que te trae el sol con su pr…

La libertad de expresión no es negociable

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Si hay algo innegociable en pleno siglo XXI es la libertad de expresión. Si perdemos eso, ¿qué nos queda? El ataque a la sede del semanario satírico francés Charlie Hebdo es un ataque en toda regla a la libertad que todos tenemos de expresar nuestras opiniones. Doce personas, diez de ellos periodistas y dibujantes, han muerto por ejercer su derecho a opinar, a contar y a ver el mundo desde su perspectiva, la de la sátira y el humor.

La conveniencia o no de publicar caricaturas de Mahoma es otro debate, también el de la línea editorial que pudiera seguir la publicación francesa. Nada, repito, nada justifica que tres personas desalmadas irrumpieran armados en la redacción de un medio de comunicación y acabaran con la vida de todas esas personas cuyo ataque no ha sido otro que el que han ejercido con los lápices como única arma. Han muerto por defender un derecho conquistado hace muchos años, un derecho que ahora todos tenemos la obligación de defender y ejercer. Sin eso ya no tenemos n…

"Queridos Reyes Magos..."

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"... como este año he sido buena quiero (...)". En realidad no sé si este año he sido demasiado buena, pero lo que tengo claro es que no quiero nada, al menos nada tangible. Me cuentan en la familia que nunca he sido yo muy de pedir, que aún siendo niña les costaba horrores que escribiera mi carta a los Reyes Magos. Eso no lo he cambiado con la edad, pero tampoco quiero hacerlo. Ahora de mayor disfruto ejerciendo las tareas de Paje Real, buscando el regalo perfecto para cada una de las personas importantes de mi vida que esta noche se irán a la cama con la ilusión de estar viviendo la noche más mágica del año. Porque esta es una noche mágica se pongan como se pongan quienes un día decidieron quitarnos la venda de los ojos y empujarnos a un mundo de realidad. 

Recuerdo todavía a la perfección un año en el que los Reyes Magos entraron en mi casa, con camellos y todo. Los oí perfectamente porque hicieron mucho ruido. Eran ellos, estoy segura. Quizá no tanto, pero el ruido exist…