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Mostrando entradas de abril, 2015

Perdona y gracias, de corazón

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Perdóname, por no haber sabido pararlo a tiempo. Discúlpame por haber dejado que los dos nos cayéramos al abismo de la incomprensión y quedáramos suspendidos en el vacío de la falta de respuestas. Siento mucho no haber echado mano a tiempo del freno de emergencia y haberte arrastrado conmigo hacia el sueño de un futuro inexistente. Lo siento, créeme que lo siento. Pero no voy a poder prometerte, ni ahora ni nunca, que no se vuelva a repetir. 

Perdona que te haya descuidado todo este tiempo, que no haya sabido entender las señales que me enviabas en un código que no supe leer. Prometo aprender tu idioma la próxima vez. O prometo intentarlo al menos. Siento haberte olvidado en mi afán por vivir mi propio cuento de hadas. Lamento haberte dejado plantado en mi exilio voluntario, en mi viaje hacia ninguna parte. Quizá te silencié y sí estuviste junto a mí, todavía no lo sé. Lo tenía que intentar a pesar de tus consejos cifrados, tenía que caerme, hacerme daño, levantarme y volverme a caer.…

Un momento de debilidad

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No te acostumbres porque sólo ha sido un momento de debilidad. Me confié y solté las cadenas de mi mente. Pensé que el tiempo había hecho su trabajo pero me equivoqué. Estos meses fueron sólo un espejismo, o quizá la recaída es parte de la cura. No te acostumbres, insisto, porque de las debilidades también se aprende y yo terminaré por aprender a no pensarte. 
Bajé la guardia y te volviste a colar en mis sueños y desde ahí localizaste sin problemas la puerta de entrada a mi vida. Otra vez. Una vez más. Volviste a mi mente como un huracán, como la corriente al final del pasillo al abrir las ventanas. Te colaste de nuevo en mi vida para arrasarlo todo, como el aire que mueve los folios sin control por la habitación, como ese viento que tira las hojas caducas de los árboles en otoño y que tiñe el suelo de marrón.


Volviste a mi vida real, aunque en sueños, con tu mejor cara, la misma que un día mostraste y que se esfumó a la primera de cambio. Sí, de eso me di cuenta enseguida, aunque quis…

Instantes de vida

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Hay días en los que no tienes tiempo que perder y otros en los que te gustaría perderte en el tiempo. También hay lugares donde desearías que el tiempo volara y otros en los que lo sientes detenerse. Lugares que te invitan sencillamente a disfrutar. Disfrutar con los cincos sentidos. Sentir las maravillas que el mundo nos ofrece y ante las que nos ponemos una venda. El tiempo, o la falta de tiempo, se convierte en la venda tupida que nos impide apreciar lo que la vida nos ofrece. Qué ciegos estamos. 
Detrás de ese trozo de tela oscura está muchas veces el mar, azul en todas sus gamas, bravo o en calma. También está el aire rozando nuestra piel, moviendo nuestra melena y a veces hasta acariciándonos el alma. Está el sol que ilumina nuestro rostro y colorea nuestra piel, que nos da vitaminas. Detrás del paño que cubre nuestros ojos a diario también están los pinos altos, vedes, robustos que oxigenan y limpian el aire que recorre nuestros pulmones. Están los pájaros que vuelan libres de…