viernes, 29 de mayo de 2015

A tu memoria se le olvida recordar

Cómo es la memoria. A veces no olvida nada y en ocasiones se le olvida recordar. Olvido selectivo. Memoria caprichosa. Cómo es la memoria que lo que hoy recuerdas con la perfección del detalle más mínimo mañana es sólo un agujero negro en el maravilloso mundo de tu cerebro, una página en blanco en el pasado de tu existencia. La memoria es amiga y enemiga a partes iguales. Es egoísta e indomable. Ella te brinda los recuerdos que quiere y no los que tú le pides. En ocasiones es amiga porque te proyecta imágenes bellas de momentos vividos, te ayuda a saber quién eres, lo que has conseguido y hacia dónde vas. Otras veces es perversa y te impide acordarte de aquello que en un instante te hizo feliz o te muestra esos retazos de vida que habrías querido olvidar. 


Tu memoria, amigo, también es caprichosa. Hoy no te acuerdas de nada de lo vivido. Hoy no recuerdas ni mi voz ni mi nombre. Tal vez sí. Pero de lo que seguro no te acuerdas es de cómo me mirabas, del modo en que rozabas la piel de mi mejilla, mi espalda. No recuerdas aquellas palabras que, sentados en ese frío sofá, salían de tu boca y, entendía entonces, también de tu corazón. Nada queda en el archivo de tu memoria de aquel café hasta altas horas de la madrugada y de ese beso de despedida que no pretendía adelantar lo que estaba por venir. No fue, en ningún caso, un beso de despedida. Aunque en realidad lo era. Ahora lo sé. Para mí entonces sólo fue un beso más. El beso. El gesto que expresaba lo que también anunciaban tus ojos, esa mirada. Gestos que dicen más que las palabras. Palabras que fluyen en la intimidad de una pequeña luz en una esquina de un amplio salón. Entonces todo. Ahora nada. Vacío. Sólo el vacío de tu memoria. 


Imagino ahora que tuviste que hacer limpieza en el almacén de tu memoria para poder almacenar nuevos recuerdos. Los míos, imagino también, se fueron a las cajas del reciclaje. Para qué acumular cosas inservibles, debiste pensar. Nuestros recuerdos, sin embargo, tienen un lugar privilegiado en mi memoria. No olvido, aunque quiero, aquellas largas conversaciones sobre la vida que terminaban en un pacto o en una declaración. No olvido, aunque quiero, tu voz entre susurros. Tampoco aquel momento tuyo y mío. El único. El eterno. Ese momento que ya nadie podrá cambiar, que pasó y que no pasará. 

La memoria es caprichosa. No hay dos iguales. Lo que yo recuerdo tú ya lo has olvidado. Lo que tú quieres recordar, espero que caiga en mi olvido. 


"Cómo es la memoria, en ocasiones se nos olvida recordar"

lunes, 11 de mayo de 2015

¿Y si fuera amor?

Preguntas. Respuestas. Cuestiones que no tienen respuesta y respuestas que de pronto aparecen cuando menos las esperas. Soluciones a preguntas eternas que el tiempo te acerca y te sirve en bandeja y otras que ni el reloj es capaz de mostrar. Preguntas cotidinas que inundan nuestro día y preguntas que pretenden conformar nuestra vida. Preguntar y responder. Responder y volver a preguntar. Esa es la vida. Lo contrario, el silencio. La nada.

De pequeños solemos hallar las respuestas a todas nuestras cuestiones pero al crecer la cosa cambia. Las respuestas no son tan evidentes porque nuestras preguntas dejan de ser sencillas. ¿Y si fuera amor? ¿Qué pasaría si lo que siento dejara de ser amistad y se transformara en amor? ¿Dónde empieza el amor y termina el cariño? El amor, esa palabra tan grande e imponente. Ese vocablo tan necesario en nuestra vida. Amor de madre. Amor de hermano. Amor romántico. Amor maduro o amor de película. Es igual. Esas cuatro letras imponen, provocan respeto y, por supuesto, mucha responsabilidad. Estar a la altura del amor no es fácil. Reconocerlo, en ocasiones, tampoco. 


El cine se empeñó en ayudarnos a detectarlo a tiempo con varios "manuales de amor" (Manuale d'amore) pero el cine también nos ha confundido inventando amores de fantasía donde las rosas inundan todo lo que el amor roza, donde todo es fácil y donde las historias tienen siempre un final feliz. Realidad ficcionada. Ficción en realidad. 

El amor eres tú y amor es tantas veces como te enamoras. Pero, insisto, ¿y si fuera amor? ¿Qué pasaría si eso sucediera? ¿Deberíamos dejarle entrar? ¿Siempre? El amor es el motor del mundo, de eso no hay duda pero ¿alguna vez puede llegar a pararse ese motor? Gracias al amor nosotros estamos aquí. Por el amor incondicional de unos padres crecemos y gracias al amor de los demás encontramos la felicidad. También gracias al amor propio. Amor es todo y nada. Amor es lo que tú quieras que sea. 


¿Y si fuera amor? ¿Podemos descubrirlo sin abrirle la puerta? Prueba. Error. Ensayos. Equivocarse para acertar. Perder para ganar. En el amor no se falla, sencillamente se termina. Porque sí, el amor no es eterno como se empeña en hacernos creer el séptimo arte. El amor a veces caduca y no por eso fracasamos. Disfrutamos de su momento y vivimos de su felicidad hasta que vuelve a aparecer. 

Deja de preguntarte qué pasaría si fuera amor y descúbrelo. Ábrele la puerta y disfruta de la estela que deja al pasar, de ese aire limpio, puro, de su calidez. Abre tu ventana de par en par. Si no es amor, él mismo encontrará la salida y siempre estarás a tiempo de volver a cerrar hasta que otra duda llame a tu puerta. Buscar la respuesta a cada pregunta. Así de sencillo. Así de complejo. La vida.