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Mostrando entradas de junio, 2015

No era como en las películas

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No era como en el cine. Sus manos no rozaban mi piel hasta hacerme estremecer como tantas veces había visto en mis películas favoritas. Aquellas manos fuertes y ásperas no acariciaban, sujetaban con fuerza, inmovilizaban. Sus ojos no miraban con ternura como el protagonista de aquella comedia romántica que tantas y tantas veces había puesto en el viejo reproductor de casa. Esos dos ojos negros como el azabache miraban sin ver, lo hacían con rabia y ansia. El ansia del que necesita cubrir una necesidad vital, primaria. Como se lleva el pan a la boca quien lleva semanas en huelga de hambre.


Sus palabras no eran de lejos esas palabras tiernas que siempre imaginé. No eran siquiera palabras. Eran sonidos desconocidos para mí hasta entonces, eran ruidos que retumbaban en mi cabeza al ritmo que marcaba su cuerpo sobre el mío. Ese cuerpo, imagen del descontrol y del dolor. Mi dolor.

Nada era como soñé y ahora no dejo de soñar con ello. Esa imagen, pesadillas que se repiten noche tras noche. …

Lo llaman celos

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Lo llaman celos, pero en realidad son ganas. Son las ganas de estar cuando no se puede, de abrazar cuando la distancia lo impide y de besar cuando los convencionalismos lo prohíben. Lo llaman celos, pero eso que se agarra al estómago, que te apuñala por la espalda cuando no lo esperas, en realidad es necesidad. Es la necesidad de volver a sentir que tus ojos se encuentran con los míos y sólo con ellos. La necesidad también de que la alarma de mi móvil me diga que estás ahí, que siempre has estado aunque un día un fallo en el sistema de los recuerdos te alejase de mi vida. 
No, no son celos lo que siento cuando ya no te veo. Tampoco es eso que padezco cuando ocupas tu energía en alejarte de la habitación que compartíamos cuando el sol nunca se ponía. No son celos, es melancolía, añoranza de un pasado que, en este caso, sí fue mejor. Algo mejor, al menos. Un pasado de dos en el que los problemas parecían desaparecer a su paso por el sendero que marcaban nuestros pasos. Pisadas multiplic…