lunes, 31 de octubre de 2016

Quince años no son nada

Hacía tiempo que no me sentaba a escribirte bajo la luz del flexo, con su único haz de luz sobre mis manos. Qué raro se me hace que en ellas ya no se recueste aquel bolígrafo transparente que tantas historias carga a sus espaldas. Qué extraño ver mis manos ahora aporreando teclas, emitiendo sonidos cuya cadencia es chivata y espía de mis emociones. Ahora más rápido. Esta frase más lento. Silencio. Vuelta a empezar. 

Qué diferente aquel tiempo y qué poco ha cambiado quien aquí escribe. Quince años no son nada aunque pudieran serlo todo. Mirar atrás y no reconocerse pero mirar al frente, a este espejo, y tampoco acabar de verse. Quince años no son nada y son toda una vida. Vida de risas, de llantos, de amores, de rupturas, de peleas, de reconciliaciones, de huidas, de idas y vueltas, de mudanzas, de casas frías, de hogares cálidos, de visitas y de sillones vacíos de quien ya no puedes visitar. 


Hoy me siento aquí, junto a mi flexo descolorido que tanto ha visto bajo su luz. No sólo era guardián de mis cartas, de las que leías y las que no, también era testigo de agobios, de horas de café, de tintas fosforitas y subrayados de última hora, de trabajos en grupo y de horas de soledad. Aquí estoy frente al "papel" dejándome llevar, buscando las palabras que tanto pesan en la mochila, tratando de dejar espacio para las que me tocará cargar. 

No, quince años no son nada. Sigo siendo la misma que necesitaba llenar de tinta decenas de cuadernos en la soledad callada de su habitación. Hablándote. Hablándose. Sintiendo cómo siento, sintiendo en mayúsculas, sin miedo, con orgullo. Llorando si es que quiero o callando siempre que puedo. Sentir y contar. Contar para seguir sintiendo. 


Hoy vuelvo a estar aquí para decirte que el tiempo pasa aunque se para al sentarme en este rincón de mi nueva casa. Y hoy has sido tú la razón de mi parada porque, que no se te olvide, quince años no son nada.


"Escribimos en la oscuridad, sin mapas, sin brújula, sin señales del camino. Escribir es flotar en el vacío"
(Rosa Montero) 

lunes, 17 de octubre de 2016

Veinte años de ventaja

Siéntate y lee lo que tengo que decirte. Intenta no moverte durante los diez próximos minutos, te prometo que no te entretengo más. Por favor, no interrumpas, aguanta leyendo hasta que termine porque el tiempo sólo pasa una vez y a mí me ha costado mucho decidirme a ponerme frente a ti esta tarde. Nos conocemos desde hace muchos años pero hace tanto que ya no recuerdo tu cara. Allá voy.

--- Vas a conseguir todo lo que te propongas siempre y cuando confíes y lo pelees porque no va a ser fácil, ya te lo voy adelantando. Vas a tener momentos de querer tirar la toalla, de necesitar salirte del camino y de sentarte a ver la vida pasar con la cara entre las manos. Vas a querer lamentarte, patalear, gritar, te van a parecer injustas muchas cosas de las que te pasen. Con el tiempo te darás cuenta de que no todas lo han sido y de que esas "injusticias" también te harán crecer y convertirte en la persona que serás dentro de unos años. Pase lo que pase ten claro quien eres y lo que quieres. Ah, y no tengas miedo a cambiar de parecer en los años que tienes por delante. En ningún lugar está escrito que tus decisiones de ahora tengan que ser definitivas. 


Pasarás por etapas complicadas de cambios y no siempre sabrás adaptarte a todos. Tendrás que aprender a quedarte con lo bueno y aquí también incluyo a las personas. Ahora no lo entiendes, lo sé, pero irás descubriendo que hay personas que no valen la pena y que es mejor dejar atrás. Esta es posiblemente una de las cosas que más te cueste aprender y sé que en el fondo de ti nunca llegarás a comprenderlo. Siempre creerás que estás siendo mala con la gente a la que le das la espalda. Sólo ten clara una cosa: el tiempo es tuyo y es finito, elige bien con quien lo "gastas". 

Te va a costar desprenderte de tus inseguridades y tus complejos. Terminarás por aprender a convivir con ellos. El camino será largo hasta que consigas entender que lo que a ti te acompleja es lo que te hace única y que tus inseguridades sólo están en tu cabeza y no son otra cosa que exigencias. Sí, te exiges demasiado y lo seguirás haciendo. De hecho, cuando notes que has dejado de hacerlo te vas a preocupar... el cuerpo te estará indicando la necesidad de un cambio. Si ahora quieres que todo sea perfecto y peleas por no salirte de la raya al colorear tu dibujo, en unos años pelearás porque tu vida sea una balanza perfecta, una línea horizontal sin fisuras. Dura tarea. Frustrante, en muchos casos. Terminarás por aprender que en el balanceo también está la felicidad. 


Quiérete cuando te mires al espejo. Siempre. Aunque vayas a pasar por una etapa complicada en la que ni te reconozcas. Quiérete. Eso que ves frente a ti es lo más bonito que tienes y te va a acompañar toda la vida. Trátalo bien porque estoy segura de que llegará un momento en el que te gustará... también con sus imperfecciones. Te gustará a ti y a quien te mire, ya lo verás. 

Te van a romper el corazón y no lo vas a poder evitar. Llorarás y te sentirás desgraciada. Siéntelo, vas a aprender mucho de eso, sobre todo lo que no quieres en el futuro. Romperás el corazón sin darte cuenta y probablemente nunca llegarás a saberlo. Intenta no sentirte culpable. A veces las cosas no son como uno quiere. También te vas a enamorar y cuando llegue el momento... mejor te dejo que eso lo descubras por ti misma. 


Ahora ni te lo imaginas pero vivir es toda una aventura. No lo busques, porque no encontrarás en ningún sitio a tu alrededor el libro de instrucciones. Se aprende a base de golpes, de aciertos y de errores. También se aprende escuchando y pidiendo ayuda. Pídela siempre que la necesites aunque te cueste la vida. Vas a querer y te van a querer. Disfrútalo. ---

En cuanto salgas por esa puerta sé que te vas a olvidar de todo lo que aquí te he escrito. Guárdalo, te va a hacer falta. Te lo dice tu yo con veinte años de ventaja. 


"Todos los mayores han sido primero niños pero pocos lo recuerdan"
(Antoine de Saint-Exupery) 

miércoles, 12 de octubre de 2016

Mucho por reír

¿Quién eres tú que desde hace demasiados meses te has convertido en mi sombra? ¿Quién eres que aún pareciéndote a mí te alejas de todo lo que siempre quise ser? ¿Por qué te interpones entre mis ojos y la realidad? Tú, que cada día amaneces conmigo para subirte a mis hombros y hacer que me caiga, que hablas por mí cuando no debes y que me tapas la boca cuando soy yo quien debe responder. 

Qué difícil se me hace pensar cuando tengo que hacerlo por las dos o cuando ya sólo lo hago por ti, pensando en las ideas que te empeñas en inculcarme. Ideas que grabas a fuego en lo más profundo de mí. Fuego que quema. Ideas que duelen. 


¿En qué momento empezaste a reflejarte en mi espejo al pasar yo por delante? ¿Cuándo pasaste a ocupar toda mi vida, a hacerme débil? ¿Por qué eres tan fuerte si sólo yo puedo verte? Soy la única que te habla y eso hace que te crezcas a costa de mi debilidad. No quiero verte más. Vete. Pero no, no te vas. Un día tras otro sigues ahí.... en mi cama, en la ducha, frente al espejo, en mi mesa de oficina y hasta en la reunión de amigas. 

Demasiado tiempo viendo desde tus ojos... tanto que he olvidado como veían los míos. He olvidado que siempre supe reír, que los miedos no existían y que, aún estando nublado, siempre supe cómo ver el sol. Que las carreras de obstáculos se convertían en parques de atracciones y que las montañas no eran más que pequeñas rampas que salvar. Ya no me acuerdo cuando pensaba en comerme el mundo sin miedo al empacho, cuando pisaba fuerte con tacones imposibles y siempre mantenía el equilibrio. 


Hagamos un pacto. En esto estamos solas. Vete lejos, donde yo tampoco pueda verte. Tu trabajo ya está hecho aquí. Déjame ahora que vuelva a encontrarme, que al mirarme vuelva a reconocerme. Vete y no vuelvas porque todavía me queda mucho por reír. Desaparece con tus sombras, con tus miedos y deja que, de una vez, aquí salga el sol. 


"No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra"
(Gandhi) 

lunes, 3 de octubre de 2016

No apareces en mis sueños

La otra noche quise quedar contigo y verte donde solíamos hacerlo. Te llamé con un grito mudo y me esforcé por ver los ojos que en otros tiempos teñían de luz azul mis sueños. La otra noche me esforcé por volver a oír esa risa tan tuya y por sentir el calor tan nuestro. Quise hacerlo, me esforcé pero el resultado fue una noche en negro. Soledad pretendida. 

Intenté buscar tu cara entre la bruma y me concentré recordando la última vez, las últimas caricias, las últimas palabras, ese último silencio. Pero nada. Debías estar ocupado caminando hacia otro lugar o estando en el lugar que te corresponde. Imaginé que venías, imaginé cómo sería un mundo en el que yo decidiese todos los movimientos. También los tuyos. Pero de tanto dejarla volar, perdí la imaginación. 


Quise pensar que estabas, que seguías formando parte de mi vida pero me costó imaginar cómo despejarías mis dudas, si mi perfume te gustaría, si disfrutarías con la misma música con la que disfruto yo. Me costó verte sentado en mi sofá o arropado con las sábanas recién puestas de mi cama. Me costó también imaginarte disfrutando de sus ronroneos a mitad de la noche o del café para dos bien entrada la mañana. 

La otra noche busqué tu compañía pero sólo encontré tu ausencia, el pasado de tu recuerdo y el presente, ya sin dolor, de una bonita historia a la que el tiempo firmó con final abierto. 


No, ya no apareces en mis sueños, por más que te llame, por más que me empeñe. Aunque sigues ahí porque puedo sentirte, mi mente ya no te llama, ya no te necesita a escondidas. Ahora soy yo la que te reclama de vez en cuando para ponernos al día y dibujar juntos una nueva página. Pero ya a otro ritmo, sin esperas ni sueños. Sólo los dos. Sin máscaras. Cuerpo a cuerpo. 


"Un sueño que sueñas solo es sólo un sueño. Un sueño que sueñas con alguien es una realidad"
(John Lennon)