Buscando tu mirada

Los pantalones que esta mañana me costó abrochar ahora me han quedado grandes y me pierdo en la blusa de gasa que elegí antes de salir de casa. El sillón que hasta hace unos minutos me abrazaba ahora me parece un gran océano en el que no veo el horizonte. Sí, no alcanzo el suelo o quizá soy tan microscópica que el suelo se me antoja eterno, inabarcable. Me hago pequeña y nadie se asombra, nadie se extraña. Desaparezco entre mis zapatos y el mundo sigue girando, sigo oyendo las mismas voces, las mismas risas a lo lejos, las mismas luces iluminando la estancia. Todo sigue igual menos yo que me difumino y me diluyo, que desaparezco, que dejo de existir aunque siga respirando aquí, en el mismo sitio, sin moverme. 

Me hago pequeña bajo sus ojos, minúscula aunque nadie lo sepa, tras sus palabras. Me crezco y me desinflo y nadie parece verlo. Pero aquí estoy y en este momento la hormiga más pequeña me parece un gigante fuerte, poderoso, capaz de todo, sin miedo a una pisada letal. La envidio, ella es reina en su mundo. 


Nadie lo sabe pero me gustaría desaparecer en un segundo y correr hacia el búnker que todavía construyo para proteger mi alma. Ese sitio en el que nada me hiere, en el que soy yo sin miedo a nada. Esa parcela en la que me protejo y me curo antes de salir de nuevo al mundo. Un mundo en el que no vale mirar al frente con la cabeza alta porque no está hecho para los altos. Van golpeando con todo. Con todos. No, fuera de mi búnker hay que estar pendiente de demasiadas cosas, protegerte de demasiados asuntos, estar alerta, siempre alerta y agota, desgasta. Duele. 

Me empeño en buscar caras amigas que me ayuden a ajustarme de nuevo los pantalones, a volver a sacar la cabeza por el cuello de mi blusa de gasa y a que el sillón siga abarcándome. Miradas que te dan fuerza, palabras que te hacen recobrar el aliento, las ganas. Miradas y palabras que te aúpan, que te hacen crecer, crecerte. Soy afortunada porque al final termino por encontrarlas. Entre tanta oscuridad siempre hay un haz de luz que vuelve a guiarte, que te pone de nuevo en el camino, que te hace confiar. Miradas que se convierten en muleta, en bastón para sostenerse, para levantarse y no caerse. 


Ahora el pantalón vuelve a apretarme y mi blusa de gasa me da un aspecto especial. Miro mi reflejo en un viejo cristal y sonrío. Me guiño un ojo y pronuncio las palabras mágicas. Ya puedo seguir, sin miedo y con ganas, con paso firme... caminando por un mundo que me sigue pareciendo grande aunque no esté pensado para los altos. 


"Las palabras están llenas de falsedad o de arte. La mirada es el lenguaje del corazón"
(William Shakespeare) 

Comentarios

  1. Que placer es leerte Marta!!! Como siempre una maravilla... 👏👏👏 Chapó guapísima.

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  2. ...Pues a mí me has vuelto a cautivar... y a poner la piel de gallina, Marta! Pero, chica... Tienes que publicar en #PapelyTinta pero ya! Un beso fuerte y muchas gracias por compartir tus reflexiones y tu poesía.

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  3. Gracias a ti por leerme Alicia!!!! Un besazo fuerte.

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