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366 días aprendiendo

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30 de diciembre de 2016. Quedan poco más de 24 horas para sumarnos al 17 y, como cada año, no hay momento mejor para hacer balance de lo que han sido los 365 días precedentes. Un año que queda atrás lleno de momentos, buenos y malos, sentimientos, sensaciones, que también han sido buenas y malas, sonrisas, llantos, muchas alegrías, alguna que otra pena, aprendizaje, sobre todo aprendizaje y crecimiento. Porque de eso se trata al fin y al cabo, de avanzar con el calendario, de caer, levantarse, recomponerse, reinventarse y de seguir creciendo. 
Y es que este año he crecido, aunque algunas veces, en algunas situaciones, me haya sentido pequeña. Pero hasta eso me ha hecho crecer (de todo se aprende, dicen). He crecido porque he aprendido que, por mucho que nos empeñemos, las cosas no pueden ser siempre como uno quiere. Al menos no si no tienen que ver sólo y exclusivamente con uno mismo. He aprendido también que existen los prejuicios y quienes se alimentan de ellos. Quienes no son capa…

Hace suficiente tiempo

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Hace tiempo que no estábamos así, frente a frente, a solas, separados únicamente por dos copas con los restos de lo que sólo una hora antes habían sido dos cubitos de hielo, demasiado grandes para mi gusto. Hace tiempo que no nos mirábamos a los ojos con la única compañía del silencio, un silencio roto de tanto en tanto por nuestra respiración cada vez más agitada, entrecortada. 
Hacía ya demasiado tiempo que no mirábamos a través de nuestros ojos, que no inspeccionábamos nuestro interior por ese agujerito que dejan unas pupilas tremendamente dilatadas. Hace tiempo ya, mucho o poco, no lo sé, pero hace tiempo. Tiempos de espera, de sueños, de mensajes en el aire, de silencios incómodos, de lágrimas ahogadas en compañía y también en soledad. Tiempos de incertidumbre, de celos, de búsqueda de consuelo, de ánimos ahogados, de abrazos de otros. Tiempo de vida en un compás de espera. 

Ahora que estamos así, con el alma desnuda, no sé por dónde empezar. Quizá espero que tú rompas el hielo …

"Eres especial" (voz: Enrique Marrón)

La de hoy es una entrada especial, diferente, de personas bonitas para personas más bellas todavía. Es un regalo para mí y para todos vosotros y es la muestra de que mires donde mires siempre encontrarás a personas "especiales" dispuestas a hacer únicas las cosas más simples. 
Esta entrada tiene voz y no es una voz cualquiera. Es, además de una de las mejores voces de nuestro país, la de una de las personas más maravillosas que he conocido y de esto os vais a dar cuenta en cuanto empecéis a escucharle. Él es Enrique Marrón y ha querido hacernos el regalo de ponerle voz a "Eres especial", la entrada más leída del blog. Es también un regalo para AMEB porque es a la Asociación Madrileña de Espina Bífida a quien estaba dedicada la entrada.
¡Gracias a tod@s!




Sigue el texto aquí.


"Cualquiera puede hacerte sonreír... pero sólo una persona especial puede hacerte feliz"  (Anónimo)

Sin miedo a sentir

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Sentir. Sentir tristeza, alegría, pena, felicidad. Sentir miedo, pasión, euforia. Sentir frío, sentir el calor sofocante de un día de verano y sentir vacío cuando nos despedimos de algo que amamos. Sentir la energía de un abrazo, sentir que te envuelve una canción o que pierdes la noción del tiempo entre las páginas de una buena historia. Sentir que te palpita el corazón cuando escuchas su voz o sentirte a morir con su desprecio. Sentir.
Qué sentido tiene la vida si no es sentir todo lo que te proporciona, sin miedo, o sintiendo miedo pero sintiendo en definitiva. Porque sentir es vivir y vivir es sentir nuestro cuerpo y todas las señales que nos envíaconstantemente, aunque no nos demos cuenta. El cuerpo es una esponja en constante contacto con el entorno y éste, todo un catálogo de estímulos que se expanden en décimas de segundo. Si nos enamoramos es porque sentimos y sentimos y por eso a veces sufrimos pero qué hay de malo si todo eso nos hace sentirnos vivos. 

Y es que no es lo mi…

Tengo ganas de verte

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Hoy tengo ganas de verte, de que pasemos una de nuestras noches de conversaciones atropelladas y risas sinceras. De miradas que hablan y de silencios que lo dicen todo. Porque, no me negarás, que si hay algo que tú y yo hemos conseguido es que nuestros ojos expresen lo que no se atreven a hacer las palabras. No sé si algún día nuestras miradas llegaron a entenderse, pero a mí me valió lo que me dijeron. Para que luego digan que "ojos que no ven, corazón que no siente". El nuestro sintió viendo y mirando sin pudor, sin prisa, sin reparos, entreteniéndose en ese pequeño gesto, en la tímida caricia y en esa palabra que se detiene antes de ser pronunciada pero que se intuye tras la lengua reprimida. 
Hoy tengo ganas de estar contigo, de resumirte todo lo bueno que me ha pasado en los muchos meses que llevamos sin vernos y de pasar por alto lo malo, que también lo ha habido. Quiero volver a hacerte cómplice de mis pasos, pedir tu consejo, buscar tu consuelo y sacarte una de esas…

Buscando tu mirada

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Los pantalones que esta mañana me costó abrochar ahora me han quedado grandes y me pierdo en la blusa de gasa que elegí antes de salir de casa. El sillón que hasta hace unos minutos me abrazaba ahora me parece un gran océano en el que no veo el horizonte. Sí, no alcanzo el suelo o quizá soy tan microscópica que el suelo se me antoja eterno, inabarcable. Me hago pequeña y nadie se asombra, nadie se extraña. Desaparezco entre mis zapatos y el mundo sigue girando, sigo oyendo las mismas voces, las mismas risas a lo lejos, las mismas luces iluminando la estancia. Todo sigue igual menos yo que me difumino y me diluyo, que desaparezco, que dejo de existir aunque siga respirando aquí, en el mismo sitio, sin moverme. 
Me hago pequeña bajo sus ojos, minúscula aunque nadie lo sepa, tras sus palabras. Me crezco y me desinflo y nadie parece verlo. Pero aquí estoy y en este momento la hormiga más pequeña me parece un gigante fuerte, poderoso, capaz de todo, sin miedo a una pisada letal. La envidi…

Quince años no son nada

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Hacía tiempo que no me sentaba a escribirte bajo la luz del flexo, con su único haz de luz sobre mis manos. Qué raro se me hace que en ellas ya no se recueste aquel bolígrafo transparente que tantas historias carga a sus espaldas. Qué extraño ver mis manos ahora aporreando teclas, emitiendo sonidos cuya cadencia es chivata y espía de mis emociones. Ahora más rápido. Esta frase más lento. Silencio. Vuelta a empezar. 
Qué diferente aquel tiempo y qué poco ha cambiado quien aquí escribe. Quince años no son nada aunque pudieran serlo todo. Mirar atrás y no reconocerse pero mirar al frente, a este espejo, y tampoco acabar de verse. Quince años no son nada y son toda una vida. Vida de risas, de llantos, de amores, de rupturas, de peleas, de reconciliaciones, de huidas, de idas y vueltas, de mudanzas, de casas frías, de hogares cálidos, de visitas y de sillones vacíos de quien ya no puedes visitar. 

Hoy me siento aquí, junto a mi flexo descolorido que tanto ha visto bajo su luz. No sólo era…