lunes, 26 de septiembre de 2016

Eres especial

a AMEB

Miles, millones de personas pasean por estas calles. Van y vienen de casa al trabajo, del trabajo a recoger a los niños, de casa a clase, de clase a una fiesta, de una fiesta a la cama. Un día tras otro. Un mes y después treinta días más. Luego todos toman las uvas al son que marca un centenario reloj y así van acumulando años, suman canas, acarician arrugas. Por estas calles pasean millones de personas, las que respiran esta suerte de aire cuya pureza hace años perdió la batalla. Millones de personas marcan sus pasos en estas baldosas envejecidas por el paso del tiempo. Pasos que unas veces son firmes y otras simples puntillas. Pero ahí están, millones de personas anónimas van invadiendo estas calles. 


Están todas esas personas, esas caras borrosas, y luego... luego estás tú. Tú que dejas huella en cada paso que das, que marcas con tus ganas todo aquello que tocas, que llenas de vida todo aquello que se cruza con tus ojos, que eres guía y sostén de todo aquel que tiene la suerte de conocerte. Tú eres especial, no lo olvides. Tú eres diferente porque sabes vivir, porque la vida para ti no es una simple acumulación de momentos y experiencias. No, la vida para ti es vida, con letras grandes. Para ti vivir es ser testigo de la belleza de un amanecer, es la emoción de un acorde, es esa carcajada a destiempo. Para ti la vida es respirar, es compartir, es necesitar, es dar y recibir, pero sobre todo dar. Porque aunque tú no lo sepas das luz cuando miras y aire cuando sonríes. Eres especial, no lo olvides. Contigo el mundo se vuelve bello y cobra sentido. 



No, no eres como esos millones de personas que inundan de barullo las calles. O sí, porque si te empeñas también puedes ser uno más. En eso también eres especial, tienes esa suerte. Puedes ser lo que quieras, lo que te apetezca, lo que te plantees porque tu fuerza está en ti, en tu cabeza y sobre todo en tu corazón.

Aunque ahora no seas capaz de verlo, hazme caso y léeme todas las veces que lo necesites. No me voy a cansar de repetírtelo. Acuérdate también de que tienes el poder de convertir todo a tu alrededor en algo mágico, único, diferente. Eres especial por poder vivir la vida sin artificios, sin caretas, sin dobleces, por saber valorar lo que muchos han olvidado, por contar los minutos en momentos felices y saber superar y retirar las piedras que se van cruzando en tu camino. 



Eres especial porque haces que merezca la pena. No lo olvides. 


"Que no te digan que el cielo es el límite cuando hay huellas en la Luna"
(Anónimo) 


*** La Asociación Madrileña de Espina Bífida (AMEB) es una asociación sin ánimo de lucro creada en 1976 por un grupo de padres que querían hacer frente a los problemas que presentaba la educación y rehabilitación de los niños y jóvenes afectados por esta patología. El objetivo de AMEB es promocionar, atender y proteger a las personas en riesgo de exclusión por su discapacidad en todos sus aspectos, especialmente, de naturaleza física.

martes, 20 de septiembre de 2016

Un año más

Llega un día en la vida de todos en el que toca soplar velas, sumar experiencias, celebrar la vida. La vida, ese regalo que a todos nos hacen al nacer con la única condición de exprimirla, aprovecharla, vivirla. Ese regalo que pocas veces valoramos lo suficiente cuando todavía estamos a tiempo. Y es que, en ocasiones, qué complicado se hace despojarte de tu día a día, del estrés, de los agobios, las obligaciones... cuando la única obligación que tenemos es la de vivir como si no hubiera un mañana. Porque, amigo, llegará un día en el que no habrá mañana y sólo quedará lo que hicimos ayer, lo que hayamos hecho hoy, lo que estemos haciendo en este mismo instante.



Vida y tiempo no perdonan. Pasan, van pasando, como un tren que no para en un trayecto sin estación. De nosotros depende disfrutar del paisaje y de las sorpresas que nos brinde el viaje.

Un año más, una nueva oportunidad para sumar. Y es que, sin quererlo, me he hecho grande. Ahora tengo que pensar como lo hacen "los mayores" aunque en el fondo quiera seguir siendo la niña risueña y despreocupada que corría por la arena virgen de una todavía desconocida playa. Me hago mayor, aunque la niña que aún duerme conmigo siga soñando convertirse en la mujer que siempre quiso ser: fuerte, valiente, decidida. Sí, todavía sigo soñando con mirarme al espejo y ver a esa mujer de los sueños.



Sigo siendo esa niña aunque a veces su cara se confunda con la que vendrá, si tiene que venir, cuando tenga que venir. Porque me hago grande y al hacerse uno grande espera que el niño que lleva dentro siga viviendo en quienes irán ocupando las habitaciones aún vacías de un piso ahora para dos. Al hacerte grande te descubres decidiendo tú mismo la ubicación de una mesa o el color de las cortinas, si la pared la dejas en blanco o le das un tono beis, si tu armario será el de la derecha o la izquierda. De pronto pasas de vestir a tus muñecas con los coleccionables a buscar un bonito vestido blanco que te acompañe al altar; de jugar con tus amigas horas enteras frente a un radiocasete a vivir de ello o de colgar una piñata rellena de caramelos en tu fiesta de cumpleaños a invitar a unas cañas mientras tomas conciencia de lo rápido que pasa el tiempo viendo cómo crece el primer bebé de tu grupo de amigos.



Y así, un año más de una vida todavía por vivir, por disfrutar, por exprimir. Hacerse grande también es poder celebrar la vida, brindar por lo que está por venir.


¡Brindemos por ello! 


Seguiré bailando solo... 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Hoy habla el silencio

Hoy me siento junto a ti buscando el silencio. El ruido de la calle no cesa, es un continuo ir y venir de coches, de motos, alguna que otra sirena de fondo... pero a esos sonidos, al final, te terminas acostumbrando. No, no es ese silencio el que hoy busco junto a ti. No busco mutear la vida, no quiero callar esas risas despreocupadas que se cuelan a través de la ventana, ni ese llanto de quien pide los brazos de una madre.

Hoy lo que quiero es que cesen las voces mudas que, sin descanso, me acompañan. Esas que no necesitan aire para pronunciarse pero que, sin ser audibles, te taladran. Son voces que se repiten una y otra vez, una y otra vez, que no callan, que no paran, que no se cansan pero que cansan. Voces que agotan.



Qué difícil es encontrar refugio en el silencio cuando vas arrastrando un coro invisible a tu espalda. Qué complicado escuchar la vida cuando tu altavoz interno no te deja prestar atención. Te gritan constantemente, te castigan y te obligan a recluirte en un silencio ficticio. Te obligan a dedicarles tu tiempo, a pararte junto a ellas en una estación imaginaria de oscuridad y miedos. Porque, seamos sinceros, esas voces, las tuyas, las mías, no ayudan. 

Son voces caprichosas que aparecen sin llamarlas para cambiarte la perspectiva de un momento. Son voces incómodas que te arrastran hacia un terreno, que rara vez es el tuyo... o no debe serlo al menos.



Hoy me siento junto a ti buscando un soplo de aire que me traiga el silencio y que me deje verme a través de ti, a través de tus ojos. Busco el silencio porque en él están las respuestas y busco callarme para poder escucharte de nuevo. Ya sin gritos. Ya sin miedos. 

Hoy te escribo buscando un descanso, que se callen las voces y que hable el silencio. 



"Silencio, que se calle el aire, que quiero escuchar esos versos de nuevo en tus labios"
(Silencio, Alejandro Sanz) 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Buscando las ganas

Vuelve a repetirse esa sensación extraña en el pecho, justo donde acaban las costillas y se aloja el alma. No, no son nervios. Es falta. Son ganas. Vuelve a repetirse... lo hace suave al principio y luego con tanta fuerza que afecta hasta al habla. Respiro, como puedo. Pienso y, entre brumas, miro al pasado porque es ahí donde está todo. La falta. Mis ganas.

Ganas de dejar de hacerme la dura, la fuerte, la valiente y salir corriendo hacia aquel lugar que en su día fue nuestro. O sólo tuyo... siempre he tenido mis dudas. Ganas también de marcar las nueve cifras que, tras varios tonos, pocos, me conectaban con tu voz y con esa risa tan tuya. Eso es ahora lo que me falta. Qué difícil a veces entender al cuerpo cuando el lenguaje que maneja te falla, cuando no habla como lo hace el corazón en su intento por marcarte los pasos a seguir, el camino correcto. 



Desde hace días convivo con esa sensación que vuelve a repetirse, con una balanza que no sabe muy bien para qué lado se inclina pero que nunca acaba de estar equilibrada. Cabeza y corazón. Alma y vida. Realidad o ficción. Egoísmo o amor. Pasado o futuro. Y me descubro aquí, frente a esa hoja en blanco (virtual en los tiempos que corren) dejando hablar a unas manos que, desde hace tiempo, ya no saben si lo hacen en nombre de la cabeza o del corazón, del impulso o la razón. Son las mismas manos que antes acariciaban y que ahora, a veces, secan lágrimas y hasta arañan.



Hace tiempo que sé que me faltas y es a él a quien ahora le pido, le ruego algunas noches, que venga cargado de tiritas, de esas que siempre curan y que devuelven las ganas. Mientras tanto esperaré sentada siguiendo mi camino porque el tiempo nunca para.

Y te veré aunque tú no lo quieras. Y te pensaré aunque nunca lo sepas.


"Sigue llenando este minuto de razones para respirar. No me complazcas, no te niegues, no hables por hablar"

(Mario Benedetti)