miércoles, 31 de diciembre de 2014

Despedidas y recibimientos

"Quisiera haberte escrito una canción emocionante", decía Alejandro Sanz en una de sus canciones. Yo quisiera escribir aquí una entrada, la última del año 2014, que fuera al menos interesante (lo de emocionante son palabras mayores). Tampoco tengo muy claro lo que quiero decir, sólo sé que quiero hacerlo, quiero burlar el "síndrome de la hoja en blanco" cubriendo esta hoja (digital) de palabras, llenándola de ideas y de reflexiones. 


No soy yo muy de hacer balances al terminar el año aunque a veces es inevitable dedicar un segundo a mirar atrás y ver todo lo que ha pasado en los últimos doce meses. Pero, eso sí, siempre para encontrar luego el impulso suficiente para comenzar el nuevo año, la nueva aventura, con mucha más fuerza. Mi 2014 ha sido bueno. Digamos que no ha sido un mal año ni en lo personal ni en lo profesional. No me puedo quejar, que se suele decir. De hecho no me quejo porque de las cosas malas he aprendido a sacarle ese lado bueno que dicen que tienen. El lado bueno es, sin duda, el aprendizaje. He aprendido a entenderme, a escucharme y a permitirme equivocarme. Esto último parece una estupidez pero en realidad es una liberación. Actúas, te equivocas, asumes tu error, sus posibles consecuencias y a seguir con tu vida. No pasa nada. Yo he necesitado 30 años para darme cuenta pero nunca es tarde y todo llega cuando tiene que llegar.

En 2014 he cometido muchos errores pero no me arrepiento de ninguno de ellos porque al final aprendes lo que quieres y lo que no. Ahora ya sé lo que quiero para el próximo año y lo que pretendo alejar de mi vida, lo que no voy a meter en la maleta para el viaje hasta el 15. 



En 2014 he conocido a personas maravillosas porque donde menos te lo esperas aparece ese alguien que te aporta la luz que necesitas en un momento determinado de tu vida. También me he dado cuenta de que las personas que siempre han estado siguen paseando junto a mi en esta aventura que es vivir. Me cogen de la mano cuando lo necesito, me avisan si hay una piedra que puede hacerme tropezar y dejan que me tropiece cuando saben que quiero hacerlo. Pero, sobre todo, hacen que ponerle una sonrisa a la vida sea mucho más fácil. Gracias a todos ellos vivir es maravilloso. 



En 2014 he aprendido a despedirme, a moverme, a recolocarme en nuevas situaciones y a seguir para adelante. Porque al final el mundo es un constante cambio y nunca deja de girar. Uno no puede permitirse el lujo de estancarse aunque también necesitemos nuestro tiempo para recomponernos. Eso, por supuesto, está permitido mientras ese tiempo no nos haga entrar en periodo de letargo. Ya lo decía Mafalda: "que paren el mundo que yo me bajo" (gracias Mafalda por permitirme ponerle título a este blog. Gracias Quino por tanto). 

En 2014 he soñado y he descubierto que los sueños se hacen realidad, que cuando menos te lo esperas una llamada o un mensaje te puede dar la oportunidad que necesitabas y que no entraba en tus planes. Por eso nunca hay que dejar de soñar y de luchar para que tus sueños no se queden en la almohada. Puedes conseguir todo lo que te propongas con ilusión, esfuerzo y perseverancia porque, insisto, todo llega cuando tiene que llegar. 



En 2014 he aprendido a abrazar como abraza una tía, a consolar como me consolaban cuando mis piernas todavía no me sostenían. También he aprendido a caminar de nuevo, a sentir esa inestabilidad, a cantar canciones infantiles y a jugar a los números, los colores, los sonidos... 2014 me ha dado la oportunidad de vivir la Navidad desde los ojos de un pequeñajo de nueve meses. Eso, como tantas otras cosas en este mundo, no tiene precio. 

El año 2014 se va pero nos da la oportunidad de disfrutar de un nuevo año, de un nuevo tiempo, lo más valioso que tenemos en esta vida. Una de esas personas maravillosas que han entrado en mi vida, de las que he hablado antes, me dijo una vez que valoraba mucho el tiempo que le dedicaban los demás porque es algo que nunca vamos a recuperar. Tenía toda la razón. Desde entonces también he aprendido a valorar mi tiempo y, sobre todo, el de los demás. 



Por eso, muchas gracias a todos lo que me habéis dedicado vuestro tiempo leyendo esta entrada, que habéis aguantado las reflexiones absurdas de alguien que dice que no le gustan los balances de fin de año, pero que en realidad es una melancólica sin solución. 

A todos os deseo un muy feliz 2015, un nuevo año que ya pide paso. 

No seré yo quien no le abra la puerta de par en par.  

¡Feliz Año Nuevo!